Unidad de Rehabilitación Cardiaca

Cuando hablamos de rehabilitación cardiaca en pacientes con cardiopatía isquémica, nos referimos a todas aquellas intervenciones coordinadas y multidisciplinares diseñadas para optimizar el funcionamiento físico, psicológico y social de los pacientes, además de estabilizar, retrasar o incluso revertir la progresión del proceso ateroesclerótico, reduciendo de esta manera la morbilidad y la mortalidad. Estas intervenciones y/o métodos incluyen: la movilización precoz, el entrenamiento físico supervisado, la modificación de los factores de riesgo, la orientación educativa y el apoyo emocional.

Después de un primer infarto o en pacientes con cardiopatía isquémica crónica, existe una prevalencia de depresión de entre el 15 y el 45%. La depresión está asociada con un aumento de la mortalidad y es un predictor de un mal funcionamiento psicosocial. También encontramos complicaciones vasculares a corto y largo plazo. Sabemos que los pacientes con depresión tienen más reingresos secundarios a síntomas cardiológicos y la incorporación al mundo laboral es más lenta que los pacientes con cardiopatía isquémica sin síntomas depresivos. Es por este motivo que se entiende la necesidad de realizar un diagnóstico precoz en el grupo de enfermos con depresión para buscar, en caso necesario, tratamiento especializado.

Existe extensa evidencia en la literatura que confirma el beneficio de la rehabilitación cardiaca en los pacientes con cardiopatía isquémica, especialmente en aquellos que han sufrido un evento cardíaco isquémico reciente. Una revisión reciente de 51 estudios en los que estaban implicados 8.440 pacientes, muestra una reducción del 26% de la mortalidad cardíaca como resultado de una rehabilitación cardíaca global.

La rehabilitación cardiaca se debe considerar necesaria y posible en todos los pacientes, ya que el programa se puede adaptar a las características individuales y sabemos, basándonos en la literatura, que los efectos alcanzados con la rehabilitación son reducción de la muerte cardiovascular, aumento de la tolerancia al esfuerzo, aumento de la oxigenación miocárdica, mejoría del perfil lipídico, aumento de la autoconfianza y descenso de los síntomas depresivos y de los síntomas derivados del miedo.

Las contraindicaciones, por el contrario, son muy pocas, reduciéndose a inestabilidad clínica del paciente o falta total de motivación por parte del paciente. En este caso, nuestra función es intentar alterar esta actitud ya que en estos pacientes se suelen asociar síntomas depresivos, miedo y poco soporte social y estas situaciones negativas son potencialmente mejorables con las intervenciones dentro de la rehabilitación cardiaca.

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